EL ALTO HORNO
Un
alto horno típico está formado por una cápsula cilíndrica de acero de unos
30 metros de alto forrada con un material no metálico y resistente al
calor, como asbesto o ladrillos refractarios.
El diámetro de la cápsula disminuye hacia arriba y hacia abajo, y es
máximo en un punto situado aproximadamente a una cuarta parte de su altura
total.
La
parte inferior del horno está dotada de varias aberturas tubulares
llamadas toberas, por donde se fuerza el paso del aire que enciende
el coque.
Cerca
del fondo se encuentra un orificio por el que fluye el arrabio cuando se
sangra (o vacía) el alto horno. Encima de ese orificio, pero debajo de las
toberas, hay otro agujero para retirar la escoria.
La
parte superior del horno contiene respiraderos para los gases de escape, y
un par de tolvas redondas, cerradas por válvulas en forma de campana,
por las que se introduce el mineral de hierro, el coque y
la caliza.
Una
vez obtenido el arrabio líquido, se lo lleva al convertidor a través del
torpedo (transporte) y se lo alea con el carbono que vienen desde el horno
eléctrico, luego se puede introducir en distintos tipos de coladura para
obtener unos materiales determinados: la colada convencional, de la que se
obtienen productos acabados; la colada continua, de la que se obtienen trenes
de laminación y, finalmente, la colada sobre lingoteras, de la que lógicamente
se obtienen lingotes.
HISTORIA
La
primera construcción para obtener el hierro fue el horno bajo. En su forma más
primitiva, llamada "bajo hogar" era un agujero en el suelo de unos 30
cm de diámetro, lleno de carbón vegetal y mineral. El fuego se avivaba
generalmente mediante un fuelle de cuero. A las diez horas el horno era
demolido y se obtenía una mezcla heterogénea incandescente con más o menos
hierro reducido y escoria, del tamaño del puño. Aunque la temperatura alcanzada
entre 700 y 900º C es suficiente para la reducción de mineral de hierro pero
que está lejos de su punto de fusión 1535º C
La
evolución hacia el horno bajo "clásico" consistió en hacer más alta
la construcción y equiparla con una abertura lateral en su base para facilitar
el suministro de aire. Una corta chimenea facilitaba la recarga del horno
durante la operación y activaba el tiro. Se alcanzaban de esta manera
temperaturas de entre 1000 a 1200° C y las escorias, convertidas en líquido, se
podían extraer por la apertura.
El
contenido de hierro de la escoria disminuye al aumentar la temperatura.
Entonces se aviva el fuego fortaleciendo el tiro natural aumentando la altura
adosando, por ejemplo, la construcción a un muro de contención o terraplén. Del
mismo modo, los fuelles permitían un suministro de aire más eficiente y mejor
controlado. Estos "hornos de tiro natural" y "fuelles"
producían una mezcla con un peso que iba desde unos pocos kilogramos a
varios quintales después de un tiempo de 4 a 20 horas. Esta mezcla es
despojaba de inmediato de los trozos de carbón y de la escoria mediante una
limpieza alternada con varios recalentamiento, y finalmente
se forjaba para obtener los objetos deseados. En Europa
Occidental, las instalaciones y las forjas adyacentes estuvieron muy extendidas
hasta el siglo XVIII. Empleaban de 5 a 10 personas y la capacidad de los hornos
bajos de ese momento estaba entre 60 y 120 toneladas por año y consumían
unos 270 kg de carbón por 100 kg de mineral de hierro
El Japón importó
el horno bajo del continente en el siglo VIII. La técnica se fue perfeccionado
hasta desembocar durante el siglo XV en el tatara. La configuración del
horno cambia en función del producto deseado: las tataras altas de 0,9 a 1,2 m
estaban destinados a la fabricación de acero; las de 1.2 m
producían fundición blanca que se extraía del horno después de que se
solidificara. La baja permeabilidad de las arenas ferruginosas usadas
limitaba la altura a 1.6 m, y por lo tanto bloqueó la progresión al alto
horno. Utilizado hasta principios del siglo XX, el tatara en
su forma final es una estructura industrial perenne dedicada a la operación de
un horno en forma de gran bañera, que producía unas cuantas toneladas de metal
durante una campaña de unas 70 horas, período al que había que añadir la
construcción del horno.
MEJORAS
EN LA DURACIÓN DEL ALTO HORNO
Crisol de material refractario a
base de carbono con muy alta conductividad térmica (el enfriamiento del
crisol crea una capa de fundición solidificada que protege los ladrillos). La
vida del crisol se ha duplicado en 30 años: era de 10 años en 1980, la duración
actual es de 20 años. Este factor es esencial, dado que la reparación de un
alto horno viene dictada por el estado de su crisol y que esta reparación puede
costar, en 2010, unos 100 millones de euros.
Mejora
del enfriamiento de la cuba. El objetivo es crear una capa protectora que
proteja las paredes de la abrasión producida por el mineral.
MEJORAS
AMBIENTALES
Construcción
en circuito cerrado de los circuitos de agua de refrigeración y granulación de
la escoria.
Recuperación
del calor, sobre todo de los gases de los hornos de recalentamiento de aire
(estufas).
La
recuperación de energía de los gases captados en las entradas de aire por un
generador de turbina.
La
condensación de los vapores, especialmente los producidos durante la
granulación de la escoria para evitar la emisión de dioxido de
azufre o ácido sulfhídrico.
El
reciclaje del carbono para evitar la emisión de gases de efecto invernadero. El
objetivo de la investigación actual es la inyección en las toberas de los
gases capturados en la boca del horno, en lugar de quemarlos para producir
electricidad








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